Thursday, March 27, 2014

Playa del Crimen



       FOTOS: DANIEL GROLL

El 23 de marzo de 1994, en Tijuana, al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio le recetaron una severa dosis de plomo. No fue un ajuste de cuentas ni un mensaje entre gangstas, no, fue un mensaje para todos pues lo vimos en televisión. La nueva ola sabe poco, los viejos se hacen pendejos ante la memoria del suceso. Ese bigotudo de pelo crespo y sonrisa candorosa habría sido el mero papaloy de este rancho grande conocido internacionalmente como Estados Unidos Mexicanos. Colosio era el prototipo del nuevo rostro del PRI de aquel entonces, sin embargo no llegó a la grande pues algo salió mal en las cañerías del partido tricolor y todo se fue a la chingada. Al pelón favorito de la telenovela nacional (el malévolo) Carlos Salinas le salió el tiro por la culata. Nadie sabe, nadie supo, poco importa ya hoy día porqué ejecutaron al sonorense. Ya tenemos un nuevo PRI con un rostro más guapo, exitoso, so, who fucking cares!!!

Solidaridad fue el programa estrella del orejón cara de rata de Gortari quien había proyectado junto con su pandilla de soñadores una manera de incluir a sus gobernados en el proceso de transformación de nuestra bienamada y reputeada patria, eran hombres que veían al futuro sin escatimar en nada para lograrlo,  forjadores de mitos geniales. Ese programa fue el emblema de su gestión para con la plebe. El gobierno ponía el material y los esclavos, perdón, los ciudadanos, la mano de obra. De ello quedan como recuerdito a lo ancho y largo de las carreteras mexicanas esas plastas de cemento con el logotipo del programa. Incluso la pinche Televisa de siempre reunió a sus estrellas y le compusieron una canción al más puro estilo ochentero de ¨We are the world¨, el track con el que los rockstars gringos habían puesto su solidario granito de arena para salvar a África del hambre.

Y claro, también y en honor al abatido Luis Donaldo, colonias marginadas de distintas partes de la república llevan en su honor su nombre.

Desde los noventas y con la llegada de los raves y la cultura mochilera, Playa del Carmen apareció en el mapa de los piratas, viajeros, buscadores de paraísos, ravers, reventados, vividores, prófugos de su pasado, exploradores cósmicos y alternos de todo el orbe, gringos que venían a instalarse desde entonces en primera fila para esperar el fin del mundo que nunca llegó, los mugrosos, perdedores, amantes del electro y el party de tachas, ajo y perico, abraza-vacas con convicciones ecologistas y veganas, el yoga. Detrás de ellos llegaron los inversionistas a adquirir terrenos a precio de  ganga, las reformas salinistas habían dejado el chance de venir a conquistar el último territorio a explotar del país, aquí nada más había pescadores y un putero de selva.  Es un mar de piratas el Caribe, este en particular está invadido por dinosaurios de viejo cuño. En Julio de 1993, Cozumel perdió la regencia del territorio que hoy en día es el municipio de Solidaridad. ¨El Chueco¨ se las arregló para hacer llegar al congreso estatal la solicitud de instalación de nuevos poderes en un municipio que enarbolara en su ser el espíritu mismo de lo proyectado para toda una nación.

Ese mismo año nació el joven ayuntamiento. Cosa curiosa, se le llama Playa del Carmen cuando se le vende como ¨La Ciudade Joven de México¨, la 5ta Avenida y el destino turístico de un promedio de 125 millones de dólares anuales, y al que por otro lado, le dicen Solidaridad cuando hablan del guetto de La Colosio y todos los demás, los barrios chaka donde todo pasa:  narcomenudeo, prostitución, venta de pollos recién matados y desplumados a mano, punto para levantar trabajadores en camionetas, aldea de concreto y varilla de la clase trabajadora que sostiene el funcionamiento de este emporio y a los cuales se les ve todas las mañanas, tardes, noches y madrugadas al estar apostados en las paradas oficiales de los buses que los hoteles y centros recreativos les mandan para llevarlos a darle recio pues el tiempo es oro. En palabras de un exitoso empresario norteamericano que posee varios cenotes y una extensa zona de selva: ¨No importa el lugar, lo que importan son los productos turísticos que vendemos¨. Casualmente y por coincidencia, Quintana Roo es el lugar  con mayor índice de suicidios de todo México, quizá por eso el mar huele a muertos, quizá eso explique que haya tanto tiburón en las aguas del muelle, a poca distancia de donde se asolean el culo las rubias et al.

Cuando uno escucha hablar sobre Playa del Carmen, lo primero que viene a la mente son ancianos extranjeros andando de la mano viendo sus últimos días juntos, familias… y también piensa uno en cocaína de calidad, tacha-chida y orgías de paraísos swinger que abundan en cada party que se tira en las terrazas de este oasis.

Buceo, esnorqueleo, visitas guiadas a las áreas donde los escualos merodean, viajes guiados a reservas naturales pero sobre todo, el exotismo maya en esta tierra llena de lenguas intergalácticas. La mayoría de quienes llegan lo hacen con una sola cosa en mente: venir a probar suerte ganándose unos dólares o euros a cambio de limpiar mesas y llevarles la comida a los alemanes, rusos, gringos, etc, etc. Ubicada en la región norte del estado de Quintana Roo, la Riviera Maya ha trastornado todo, ya sea por codicia de la buena o por estupidez y ambición de la mala. Toda la región se encuentra amenazada por esos engendros de la diversión, da igual si son cruceros, parques acuáticos, paquidérmicos hoteles o desarrollos de 129,000 USD el más barato. Hay que ahorrar mucho o verle la cara a mucha gente para lograr ese objetivo; échenle ganitas que la vida es corta y el cielo muy caro.

El circo maya del fin del mundo además, añadió un toque de búsqueda espiritual a todo el negocio: enfermos mentales y dañados de sus chakras vienen aquí dizque a encontrarse y realinearse con su signo del zodiaco maya; pobres diablos.

Así, mientras la corrupción local y la necesidad del gobierno mexicano de rematarlo todo hacen de este un nicho de riqueza como no existe otro en el resto del país, la población nativa y las especies animales que aún quedan lo pasan más o menos, siempre obligados a dar su mejor sonrisa o posar para la foto.

Y aquí estoy, haciéndole al pendejo luego de haber tomado un bus en la Terminal TAPO de la Ciudad de México, un viaje de 25 horas en el cual recorre uno la tercera parte de la geografía mexicana.

El viaje es pesado, largo, ya para cuando amanece y uno apenas va a cruzar de Tabasco a Campeche sólo desea que se acabe todo antes de llegar. Pero no hay regreso, con ese espíritu aventurero y con la necesidad de aunque sea limpiar letrinas para poder seguirle dando sabor al caldo, me agarro mis tanates, respiro hondo y respondo a todas las preguntas que los soldados de todos los retenes que hay en el camino me hacen. Afortunadamente la cartilla del servicio militar nacional hace el paro y me creen que soy mexicano, de otro modo es tener que esperar en esos pinches cuartos al lado de la carretera en los cuales veo un chingo de centroamericanos y extranjeras bien buenas dar explicaciones sobre su estancia en esta tierra. Ya en las horas finales del viaje, me encuentro sedado, horas de malas películas logran su propósito, que me valga verga a donde voy.  Llegué a la Terminal de la ADO, la otra, pues hay dos, hay una que llega directo a la 5ta Avenida, el área chic de restaurantes, antros y de entretenimiento para aquellos que dejando sus vidas en sus ciudades en el norte del mundo vienen a darse un bañito de sol.

Lo primero que llama mi atención es que a pesar de que Cielito Lindo (eufemismo pitero con el que se relaciona a México en todo el mundo) es una tierra de leyes que se respetan, sobre la 5ta hay dos spots donde manejadores de animales exóticos le sacan jugo a los leones, cotorros, guacamayas, monos e iguanas. Quiero pensar que como en cualquier lugar, una vez hecha la faena, se reparte el botín para que al menos los animales vayan en sus días libres y lo gasten en crack y putas para resistir tal explotación. El leoncito saca sus garras, araña a una gringa, pobrecito, ya anda encabronado. Se sabe de un resort construido dentro de la jungla en el que dos jaguares perdidos y hambrientos bajaron de sus ramas a solicitar empleo, como no se los dieron se pusieron locos y atacaron a una turista. Obvio, pagaron con su sagrada sangre el faltarle el respeto a una extranjera, ambos fueron sacrificados en nombre del progreso y las ganancias. También se supo de una europea vieja que al no soportar ver en las iguanas el reflejo de su decrepitud, solicitó a los empleados de su finca masacrar a todas las que encontrasen a su paso. Pobre estúpida, antes se morirá ella que ver a las iguanas lejos de sus terrenitos. Intento ir a nadar inmediatamente, pero un tufo a mierda inunda todo en la playa, me sorprende que nadie lo sienta pues se ven muy contentos esculpiendo pirámides mayas en la arena o simplemente exponiendo las nalgas al rayo del sol. Meto reversa, no, nada que apeste así debe ser sano.



Por fin llego a casa de las amistades que me han abierto su puerta, viven en La Colosio frente a un centro cultural en el que los chicos del barrio y los hijos de los extranjeros más open mind traen a sus hijos a aprender artes escénicas y talleres varios. Mis amigos han venido de las lejanas tierras del altiplano, allá del desierto.

Me instalo. Es imposible por mucha necesidad que tenga uno de trabajar, el ensartarse en esta dinámica ¨playense¨. Y es que en los primeros días me encuentro con algo desconocido para el resto de los mexicanos, es irreal: AQUÍ HAY TRABAJO. Pero antes vamos por unas chelas.

No, en La Colosio no se vende alcohol. Un bando municipal prohíbe vender cerveza y licores en el perímetro de la colonia, me extraña pues en la 5ta se puede beber en la calle. Luego me cuentan que en esta colonia la gente se mataba luego de unos tragos, más las violaciones el robo y violencia desmedida, todas juntas asolaban este engendro. La colonia cumple este 2 de abril su 20 aniversario. Fueron traídos por líderes locales del priismo maya más retro y se impusieron. Fueron cooptados para internarse en la selva junto al mar.

El gobernador de aquel entonces no la llevó bien con algunos inversionistas y el otrora ingeniero agrónomo Mario Villanueva, en un berrinche, hizo que cientos de familias enteras se metieran a pelear con la selva los animales y los bichos, por un pedacito de tierra. A puro macheteo se fueron abriendo paso en la madrugada. Bloquearon la carretera y armaron un escándalo tal que fue imposible sacarlos. Aclarar que de todos estos predios y de toda la costa, la arrendadora dueña absoluta de todo pertenece al estado de Q. Roo. Claro, fue la mejor manera de darle en la madre a la voraz y elitista conquista que los extranjeros proponían, y así, de la noche a la mañana, todos los animales tuvieron que comenzar a convivir con seres humanos. Reptiles, mamíferos, aves, anfibios, de buenas a primeras y a huevo tuvieron que hacerse a la idea de que sus días estaban contados. La gente no dejó de llegar pues como era el ideal del gran Luis Donaldo: aquí se viene a trabajar para hacer comunidades fuertes en las que lo único que tienen todos en común es ser jodidos. Asistir a las juntas del partido fue un requerimiento, la imposición si es que querían su cachito de tierra, era quedarse a vivir a como diera lugar, sin planes de acción, cagándose en el área, peleando palmo a palmo con la vida.

Es ese el mismo puto cuento que el PRI (y el resto de sus cofrades políticos) le vendió a todos estas últimas dos décadas: ustedes chínguenle, nosotros cobramos los impuestos y las prebendas y el moche y todo lo demás. Triste pero cierto, el precio de toda esta miserable colonia fue fijado en precios internacionales, en realidad, aquí pocos tienen un papel que digan que es de ellos. Fue toda una maniobra política para tomar revanchas. Por cierto, el nombre de Mario Villanueva Madrid aparece en muchos lados junto con el de Colosio, y está a nada de cumplir su condena en USA. Y una vez ya aquí, la nobleza local y bien parada mueve sus hilos para que el Señor presidente le otorgue el indulto presidencial. Veinte años después, el PRI ha regresado con todo, a rematar lo que quede mientras ellos salen en las portadas de revistas en NY.

La aparición de sectas cristianas fue la respuesta natural a una sociedad sin cimientos y falta de identidad. En cada manzana de cualquier lote hay una iglesia de hermanos que luchan por sostener esta extraña paz, pues sí que es cierto, borrachos tirados no hay en la calle como en otras partes de Playa. Hay que aceptar que el nivel de consumo  es alto y para todos pues en todos lados se solicita mano de obra para todos los puestos, aquí, la gente de La Colosio tiene techo y trabajo, resultados ha habido materialmente hablando, más, el coste ecológico no lo legitima en lo absoluto. Ya del otro lado de Playa del Carmen, al sur, rumbo a Tulum, en Akumal, colonos gringos han puesto entrada a la playa para que los sirvientes no vayan ni nadie que ellos no quieran entre. Y no los culpo, una escena típica de La Colosio es la misma de cualquier barrio jodido de Cielito Lindo, perros peleando por pañales cagados hasta que los hacen reventar. Jamás había visto tanta mierda humana y canina junta mientras al paso y sobre la avenida principal de la colonia, weros de otros países pasan a un lado sin importarles. Así, este amasijo de cemento y concreto se ha ido perfilando como el territorio a conquistar pues no importa que esté feo como la chingada, no, al lado, playas con agua turquesa bien valen el precio de tener que vivir aquí.

Curiosamente, la gente en lugar de establecerse usando materiales locales, decidió que el cemento era lo que debían usar para levantar sus casas.

Todo está a medias, hay terrenos olvidados, dejando sólo obras negras sin dueños ni colores. Pozos indican que alguna vez incluso la gente extrajo el agua en sus propias casas, pero ahora están todos tapados o nomás los dejaron para el recuerdo.

Todos los domingos al ir al mar, en diversas horas, uno encuentra grupos de cristianos bautizando gente dentro del agua como si estuvieran en Galilea. Ellos y su rechingada fe olvidan siempre, recoger todas sus botellas y envoltorios de Sabritas, seguro que se irán al cielo junto con toda la basura que vienen regando en nombre de Dios. Aplauden y sonríen a los turistas que borrachos coquetean entre ellos. Y es que en todo Playa, la ausencia de una clase media es evidente, todo se reduce a sirvientes y alegres visitantes. Puede uno cortar la división social sin un cuchillo, ya está todo preparado, los unos venimos por dinero, los otros a soltarlo. Everybody is happy!

A mi lado y mientras nado sin traje de baño, una manta raya perdida vuela en su mundo. Un par de panzones intenta sin lograrlo atraparla, el animal entiende su error y desaparece. Me observan con rencor pues he sido yo que al aparecer de la nada y con el culo al aire los ha sacado de concentración. Algo dicen en maya y se burlan de mí. Al final uno de ellos voltea y me dice: pinche puto.

Días después me entero que de las vestidas de la 30, en el pasado invierno, un homosexual fue llevado a la fuerza por varios del gueto, lo violaron multitudinariamente y luego de masacrarlo lo arrojaron casi al final de la colonia del lado norte. El asesinato estremeció a la ciudad pero la homofobia aquí sigue. Puede uno andar de loca en la 5ta y zonas aledañas pero no se le ocurra por ningún motivo demostrar su jotería de este lado, la raza es gente con valores, principios, digo, luego de destruir un entorno y llenarlo de caca, lo defienden a capa y espada de esas ideas extrañas que vienen con los weros.

Otro día, siendo que antes de ir a trabajar procuro ir a nadar un poco, uno de los elementos municipales de limpia de playas me advierte: No joven, para allá no vaya hasta que los de seguridad del hotel aparezcan. Es un espacio donde termina la 5ta de este lado, lugar al que llegan fresas y cholos por igual a aterrizar las parrandas. El trabajador me dice: en las madrugadas llega gente loca, a mi el otro día un cholo me salió con una pistola y me apuntó con ella, me escupió mientras gritaba que ya me había llevado la chingada.

Inmediatamente y usando su walkie talkie mandó clave y en menos de cinco minutos ya estaba la tira en la escena. Al cholo ese le valió madres, los amenazó a todos mientras les gritaba que le dieran una pistola a ese pendejo para que de a iguales se dieran con todo. Eso me dejó bien claro porqué el alcohol ya no fluye en esta zona de la ciudad, oficialmente, claro, pues el mercado negro y la  frontera con la colonia CTM están llenas de depósitos y tiendas dónde conseguirlo. Sí, es extraño entrar a un OXXO y sólo hallar lácteos y sodas en sus refrigeradores, pero pues, ante tanta incivilidad quizá sea mejor así.



Si de alguien puedo hablar bien en este páramo de trabajo y aglutinación humana es de la policia. Son más cabrones y perros que la policia de Zapopan en Jalisco y la de Naucalpan en el Estado de México juntas. Al más mínimo brote de violencia o aparición de entes sospechosos, los puercos hacen gala de sus habilidades. No hace poco mientras iba a buscar trabajo de nuevo, saliendo a la avenida  10, un motopatrullero me echó el ojo. En putiza el cabrón me paró. Acto seguido, dos camionetas llegaron y en menos de lo que les cuento todo este pinche choro, ya iba yo en una de ellas para ser identificado por un robo en una hojalatería. A mi me valió madres mi reputación, ya de la mitad de las casas en el perímetro salían los chismosos para ver a quién se llevaban.

Desde ese día mi peluquero me retiró el saludo y mujeres con sus niños se cambian de calle con tal de no pasar junto a mi. En un lugar sin amigos ni quién hable mal de uno, la infamia es un honor, sólo sí, por momentos me calaba el frío en la espalda que quien sea que me hubiese acusado por sabe qué, dijera: Sí oficial, ese es.


No, no soy yo. ¡Uf! Le dicen los asaltados que no, que no soy yo. Los puercos insisten: ¿Estás seguro de que no es este? Mira, trae bermudas militares como lo notificaron. Sale otro chico del taller y les dice que no, que el otro era más flaco y con un tatuaje en la pierna. El cerdo insiste por última vez: ¿Este no está lo suficientemente flaco? No, les responden los agraviados, mientras uno señala que ya saben donde están los malandros, que en la colonia Miramar ahí donde quemaron una casa y se juntan a fumar crack. El oficial me observa con detenimiento, como queriendo registrar mi rostro, me dice que me baje, toma mis datos de mi cartilla del servicio y se despide argumentando que él sólo hace su trabajo. Me han dejado a cincuenta minutos de mi camino, con un sol que golpea infernal.


Por fin encontré un trabajo, y es que a pesar de que la frase: SE SOLICITA aparece en cada esquina, es claro que no todos lo logran. Al fin y al cabo, que esté puesto no significa que sea para todos. Entré a trabajar a un restaurante vegetariano. Soy garrotero, ya saben, el que recoge la mesa y es el gato del mesero. Luego de presenciar la vorágine con la que los humanos se desenvuelven en este territorio pirata, entiendo que habrá que andarse con tiento pues a pesar de que el ayuntamiento se ostenta como un ideal  de trabajo y congregación alrededor de un solo objetivo: hacer billetes todos como hermanos siendo todos solidarios como seres humanos.

(Jajajajajajajajajaja).


En una semana de trabajar codo a codo con un poblano entiendo que la palabra solidaridad ha sido profanada pues aquí nadie es solidario, no, la cosa es como me dijo una uruguaya que lleva aquí ya un rato: No, hijo, mira, aquí viene gente con poca educación, con muchos traumas, nada más para chingarle en lo que se chingan a otros, no te preocupes, es normal.

Solidaridad, eso justo debe haber pensado el amo que maneja los hilos en este país cuando le dijeron que Luís Donaldo había sido asesinado en el mitin aquel en Lomas Taurinas.  Y es claro que el programa, la agenda, el sueño y la propuesta del Partido Revolucionario Institucional es la misma desde entonces: nos los vamos a chingar a todos porque somos los más chingones. Punto. Decido ante la territorialidad del morenito ese, no aceptar el trabajo. La gota que derrama el vaso, es todo el dinero que el poblanito ha perdido por hacer mal su trabajo durante varios días en lo que yo estoy ahí afanando. No bueno

El mismo día que renuncio, una joven tatuadora española me invita a salir con ella de fiesta, luego de más de un mes aquí y sin nada más que nadar mientras he buscado empleo, es mi primera noche de copas, una noche loca. Vamos al Bad Boys, vestigio de la Playa de los 90. Enramada pirata que ondea banderas de Canada y Estados Unidos, además claro de calaveras y huesos. El ambiente es increíble, ajeno a esa basura turística de todos lados: Hay micrófono abierto, los expatriados de los norteños países se sienten cómodos. La cerveza corre, luego de escuchar a varios piratas, la española se sube al escenario y canta de su jondo pecho una canción hermosa. Todos nos quedamos con la boca abierta. Aplausos.

Salimos y vamos a la fiesta proyectada de la noche.

Típico de cualquier antro en cualquier lugar del planeta: extranjeros, chicas fresas pendejas armándosela de a pedo al de la cadena, un chingo de gente bien caliente buscando con quien cogerse. Aparecen las tachas y todo va para arriba.

Horas de música electrónica con la luz de la luna llena haciéndonos ver gatos pardos. Afuera, los pobres huevones que no llegaron temprano al party, chillando y ofreciendo hasta 1500 pesos por poder entrar del lado de la playa. En mi viajecito tachero, noto cómo las olas cada vez suenan con más fuerza, y cómo el agua aparece de pronto en la pista de arena. Esa madre estaba durísima pues a pesar de querer orinar nomás no puedo. La chica española me hace parte de un grupo multicultural en el que no importa de donde es uno, todos bailamos. Una morena llamada Ángela me contonea su cuerpo mientras se pone unas gafas y se toca el cuerpo al bailar. Lo dicho, la calentura a full, la luna llena y el ecstasy apretando como quijadas de tiburón.



Me canso mucho, pues una botella de agua cuesta 50 pesotes y con esa chingadera corriendo por mis venas la deshidratación me arrastra al cansancio. Ya por allá y por más allá, gente se besa y se toca, tríos, grupos, parejas, todos bailan y se cachondean con vigor. Bien chido. La tacha me pegó tan duro que a mi no se me para nada, excepto la taquicardia que me hace pensar en un infarto al corazón. Cruzo la noche, todos nos perdemos. Del punto de la fiesta a La Colosio es un largo tramo y el temor de ser levantado por la policia es mucho. Afortundamente esa noche y aunque paso al lado de una patrulla, los puercos se dejan ir sobre un grupo de mexicanos morenos sentados en una fuente. Hacerse demonio de vez en cuando ayuda, pues la noche es del maligno y en esta ocasión me ha protegido y nadie se ha enterado de que vago solo por la ciudad. Llego a casa pero no puedo dormir, la tacha sigue a todo y sólo veo pornografía. Al cantar de las aves me levanto y me voy a ver salir el sol.


No lo hay, en su lugar, un mar plomizo como del Golfo de México ha aparecido. Nubes negras y llovizna enmarcan una playa llena de basura. Franjas de hasta metro y medio de mierda y envases y desecho le dan un toque tétrico a todo. Esto no es Playa del Carmen sino Playa del Crimen. Me dedico a observar con detalle la basura. Hay chanclas, botellas, aerosoles, cajas, plásticos rotos, hules, globos, condones, trozos de cosas indecibles. Un ave para e intenta comer una tapita de Danup, la espanto. Más aves mueren por comer basura que por ser cazadas, sus estómagos se llenan de plástico hasta que mueren de inanición. Es la primera vez que veo a turistas y locales por igual no acercarse al agua, que además supura en cada ola un líquido blanco que se anega en la costa. Más y más basura sale a la arena. De fondo, dos barcos mercantes, oxidados con un aura de barcos fantasmas nazis vanegan lentamente. Pareciera que luego de una infinita parranda El Caribe lo está vomitando todo. Todos por igual tienen un rostro de tristeza y sorpresa en sus rostros. Escucho cómo a lo lejos, unos italianos enfurecidos echan pestes ante el espectáculo, distingo cómo uno de ellos se queja del precio del cuarto del hotel y de cómo eso no aparece en las fotos que le vendieron en la agencia para que viniera a acá. El agua se torna casi negra, además de esto, el mar, en su noche de copas con la luna y de marea violenta, se ha tragado ya la mitad de la playa. Cuadrillas de sirvientes palean las algas infectas de porquería mientras la gente solo observa y se va. Por fin, la molécula se disuelve en mi ser y puedo ir a dormir. La escena me ha dejado marcado, no creo ya imaginar un mar azul de fantasía luego de mirar con mis propios ojos como la basura llega con algas y percebes, síntoma inequívoco de que lleva años enterrada entre Playa del Crimen y Cozumel, que cuando llega la corriente con todo, sólo hace evidente aquello que nadie quiere ver: que estamos condenados a producir más mierda de la que consumimos, que aunque la metamos en bolsas de plástico va a dar toda al océano, que esto se armó así en nombre de un mejor futuro para los niños y las niñas, que dio igual, que como dijo Gardel, veinte años no son nada, y que en este territorio caribeño mexicano los dinosaurios de siempre han hecho grandes negocios dejando a la población en un nivel tan bajo que no sorprende que aquí huela mal y no, no son los suicidados. Queda claro que aquí vienen miles todos los días a ver si pescan algo, pa irla llevando, pero que esos selfies que se toman los europeos y los norteamericanos tienen un precio muy alto: la muerte de mucha gente que no resiste este sistema brutal de enganche por cacahuates mientras miran como los de fuera sonríen para presumirles a sus amigos allá en Milán o en Londres que ellos sí lo lograron.

Es esto que los reaccionarios de mierda de siempre no entienden, que se ha malvendido todo, y sólo nos quedamos con las propinas y la basura. Que alguien les recuerde que de seguir así, en diez años escribiré la crónica de un pueblo fantasma, que ya será un huracán el que ponga a todos en su lugar. Días después mientras flotaba en el Mar Caribe, allá en el cielo azul, un par de flamingos rosas contrastan sus siluetas con el azul del cielo. Me quedaré a como de lugar, sólo sí, si lo están planeando, piénsenlo dos veces, detrás de la foto está el infierno y nada ni nadie puede detenerlo ya.

Gracias, Sr. Presidente Carlos Salinas de Gortari.

(Aplausos).